Por hacerle la foto y, sobre todo, por dejarme tomársela en el sitio exacto que yo quería, le ofrecí 5 euros. Cuando fui a pagarle vio un billete de 50 euros en la cartera y me lo pidió insistentemente con ese sonsonete pedigüeño que emplean las gitanas rumanas, entre lamento y buenas noches. Ni que decir tiene que por encima de los roles de cada uno, los dos sabíamos que el otro sabía, y así fue.

No hay comentarios:
Publicar un comentario