28 abril 2015


Suele sucederme cuando espero, cuando me paro, en esos tiempos muertos que todos tenemos de vez en cuando, como por ejemplo en la consulta de un médico, en un semáforo recién cerrado o -como fue mi caso- esperando la llamada del funcionario de turno que tiene que atender el tuyo. Es en esos momentos cuando tomo conciencia del tiempo, de ese tiempo muerto del que hablaba y, claro, más que un espacio temporal todo se convierte en un espacio físico a modo de cárcel en donde, inmovilizado, no te queda otra más que escapar hacia adentro. La de reflexiones que uno emprende entonces y qué pocas arraigan como para convertirse en el antídoto que necesitas.

De repente suena un timbre y se ilumina sobre una pantalla el texto siguiente: número 203 - MESA 8.

¡El mío! Y como accionado por un resorte, vuelvo a mi trastorno con déficit de atención e hiperactividad, o sea, vuelvo a mi mundo.


Desaparecido by Manu Chao on Grooveshark

2 comentarios:

Javier Sandoval dijo...

Relatas perfectamente esa sensación claustrofobica que sentimos.

Anónimo dijo...

La suerte es que no alcanzamos a sumar esos tiempos, para darnos cuenta de la cantidad de horas o días, quien sabe si meses que se nos van sin sacarles provecho como tiempo vivido realmente.