13 septiembre 2020


No sé desde cuándo, pero quizá desde aquella lejana noche que, de repente y mientras circulaba pensativo por una carretera comarcal, vi sobre el asfalto una rata quieta y mirando fijamente las luces de mi vehículo; un segundo después oía un ruido suave y seco procedente de los neumáticos al aplastarla. Claro, desde aquel momento, cada vez que he visto un animal muerto sobre el asfalto, no he podido evitar meterme en aquel último segundo de su vida, o de la mía.

12 septiembre 2020

Una mierda Estrella Michelín: original, intensa, olorosa, innovadora, deconstruida y escasa.

11 septiembre 2020

Si uno se embelesa mirándose el pie -y no digamos si se dedica a fotografiarlo-, está claro que no sabe muy bien por dónde anda.
 

06 septiembre 2020

¿Por qué?, ¿en qué momento de la evolución se produjo nuestra separación del orden natural? Pero, lo que es más grave, ¿cómo es posible que ante semejante “orfandad” nos inventemos a Dios para justificarnos?

05 septiembre 2020

 

Sí, claro, la vida es eterna, pero no la del árbol o la de la pareja que deja testimonio de su amor sobre el tronco del mismo. Es eterna la vida, sí, pero como impulso, como fuerza creadora, como cambio, como destino... Es eterna la vida, pero no mi vida, como es eterna mi identidad, pero no la sangre que me sustenta.


Foto: JB

03 septiembre 2020



Un cortado descafeinado a media mañana en Trapería. No tiene precio, por mucho 1,20 que me hayan cobrado: estoy sentado con mi pasado, con el pasado de otros que me querían... Y es verdad que estoy solo, pero me siento acompañado por mi vida, por mi realidad, por mis sueños y miedos, por mis recuerdos escogidos. Oigo, a los lejos, los golpes de una máquina en una obra; de cerca los pasos de un pequeño perro con uñas... No es nada, lo sé, pero es todo para mi.

15 julio 2020

HUMILDE HOMENAJE A RAMÓN GAYA

Claro, aunque son sus cosas y está realizado en su propio estudio, se nota que este bodegón no es suyo, porque, hasta en la forma de distribuir los objetos encima de una mesa, Ramón Gaya poseía un don especial. Y no es que supiera cómo hacerlo bien -si es que existiera una forma única de hacerlo-, sino que sabía cómo hacerlo sin intención alguna, es decir, con naturalidad. Esa era una de sus grandes virtudes, haber hecho de la naturalidad -que no de la simplicidad-, el sentido más preciado, el lugar desde donde partir y a donde retornar.