26 marzo 2017


No lo puedo entender. Cada vez que paso por las plazas del centro de la ciudad y las veo llenas de tiendas de campaña convertidas en restaurantes de lujo, me rebelo. No puede ser, nos han usurpado un espacio público y, además, se han cargado la estética de la ciudad.

Imágenes constantes, planos que se funden con instantes fugaces -casi inexistentes-, momentos para contar; secuencias que me atrapan, de vez en cuando unos ojos que te invitan a entrar, mundos que me enamoran y lugares para volver, luces y contraluces, perfiles, sombras, pasado -mucho pasado- con la eterna imposibilidad de un presente... Ay, la fotografía y, sin embargo, mi única forma de ser y de estar.

23 marzo 2017


Estaba sentado en la parada del autobús que hay frente a la estación mientras esperaba la llegada de mi hijo. Un fuerte viento arremolinaba los papeles y la tarde amenazaba lluvia. Como cada vez que uno espera, ahora también intentaba distraerme pensando en otras cosas o mirando compulsivamente el maldito móvil, pero no podía; algo había en aquel lugar y aquel momento que me reclamaba constantemente la atención. Ahora, sentado frente al ordenador y pensando en aquellos momentos creo que se trataba de una extraña sintonía entre lo inhóspito e inseguro del lugar, por un lado, frente a la inestabilidad de mi ánimo y de mi tiempo, por otro.

22 marzo 2017


Muchos estudios de pintores he conocido: Mariano Ballester, Gómez Cano, Ramón Gaya, Manolo Avellaneda, Pedro Serna, Alejandro Franco, Araceli Reverte -el de la foto, ayer-..., y en todos ellos encuentro un mundo que me es cercano, unos olores y un entorno que me resultan como propios, casi míos. Qué pena venir al mundo sin facultades algunas, con lo que aún queda por contar...