04 marzo 2009

TUNEO



5 comentarios:

Anónimo dijo...

Es curioso, pero esta imagen debería producir desolación, destrucción y a mi me ha gustado. Estoy investigando el porqué de ese sentimiento y la conclusión es que me gusta la composición y el efecto cromático. La parte superior con ese rosa subido y la inferior con el verde vivo acompañado por unas florecillas que observan la escena, parece que nos quieran contar como sucedio.La hierba seca, esa hierba que se suma a la destrucción del objeto, es como si la naturaleza estuviera en el duelo y acompañara a lo sucedido callada y silenciosamente, como un amigo incondicional. Representaría una naturaleza muerta pero es tan bonita la fotografía, el encuadre, la luz que tengo que felicitarte JB.

Anónimo dijo...

Debe ser por ese estado cansino y decadente que produce este largo invierno que no termina de dejar que entre la primavera (prima vera = primer verdor) que tanto se anticipa en esta su casa. Lo digo porque JB, últimamente, entre los visontinos rincones sombríos de esos bares mañaneros; la poesía de Tomás; la ruina arquitectónica y humana del 2BIC que ayer nos presentaba; la desolación tuneada de hoy; junto a la modorra y vagancia epistolar que se observa en los M.Us, así me lo hace suponer.
Yo sé que JB, como me pasa a mí y a muchísimo más, somos bastante hipersensibles y ya sabemos aquello que decía el insigne amigo y Dr. D. Raimundo Muñoz sobre los barómetros humanos de las personas hipersensibles.
¡Ánimo que ya falta menos para que nos llegue el equinoccio y mi amigo el vencejo me pida permiso para anidar en el cajón de mi persiana y que la marmota Phil se despierte de una puñetera vez! (lo siento José).
Lo malo va a ser para aquellos que sean alérgicos a la gramíneas porque la cosa viene que arde.
Lo siempre dicho: “Nunca llueve a gusto de todos”.

Anónimo dijo...

Esto en ARco´09 triunfa y no cuesta menos de 18000 leuros. Pero eso en arco, aquí es un ajuste de cuentas en toda regla.

Reverendo Hoover dijo...

A mí me ha recordado el panorama normal de una mañana saliendo de casa en Valencia. Aquí son muy de quemar automóviles, aunque no estén en fallas.

María dijo...

¡Cómo estamossss! He leído en voz alta la poesía de Tomás. Casi me la he susurrado. Se me quebraba la voz. Luego, me he imaginado diciendo esas palabras asomada a una de esas ventanas del segundo piso de la misteriosa casa. Me he quedado petrificada cuando he visto la moto calcinada. ¿Qué más?
Por aquí se ha desatado de nuevo un diluvio. La lluvia martillea la ventana y de las noticias del sur no sé qué pensar.