15 agosto 2011


En una iglesia cualquiera un confesionario. Y tras esa simple teatralización, cuánta historia de la vida, cuánta idealización espiritual, cuántos matices, cuántas culpas, cuánto miedo, cuánto olvido, cuánta lágrima...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Y cuánto cuánto, ya lo creo.

Anónimo dijo...

Y cuanto consuelo, y cuanta paz, y cuanta iluminación, y cuanta vida

Anónimo dijo...

Pues a mi me daban miedo -los confesionarios- y nunca entendí cuando intenté practicar, la obligación de tener que pasar cada no mucho tiempo por ellos. Y de paz nada de nada, al menos en mi caso, al contrario me perturbaban. ¿Y vida? siempre pensé que los que estaban detrás de esas cortinas, sabían poco de la vida, que eran meros espectadores de las vidas ajenas.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo, el confesionario representaba la materialización de la culpa, del miedo.
¡Que mal representada la libertad que Jesús vino a inculcarnos!