Habíamos quedado el sábado pasado a las nueve de la mañana para bajar un frigorífico del piso de Vistabella, y al llegar puntuales a la cita allí estaba esperándonos, sentado en una silla vencida, como dando a entender que hacía rato que nos esperaba y que, por si acaso tardábamos, tenía ya prevista su salida al problema. Cada día me recuerda más a mi abuelo. Creo que mis padres no atinaron al ponernos el nombre; él tenía que haber sido Juan y yo José.

1 comentario:
es verdad, solo le falta la boina.
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